Como portando un escudo,
las dos caras de una misma moneda se preparan para la guerra.
Una lucha invisible,
una batalla incierta.
El enemigo lo lleva en la espalda,
pegado a la nuca,mimetizado.
Cada paso lo repite como espejo,
como sombra.
Sin temor, en un ataque de coraje,
le clava la espada y sangra.
Se siente morir y no comprende,
ignora.
Por querer separarlo de su alma
en lugar de aceptarlo como propio
infingió la herida que con calma
al vacío se lo llevaba todo.
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