martes, 9 de agosto de 2011

Parecer

Como portando un escudo,
las dos caras de una misma moneda se preparan para la guerra.
Una lucha invisible,
una batalla incierta.

El enemigo lo lleva en la espalda,
pegado a la nuca,mimetizado.
Cada paso lo repite como espejo,
como sombra.

Sin temor, en un ataque de coraje,
le clava la espada y sangra.
Se siente morir y no comprende,
ignora.

Por querer separarlo de su alma
en lugar de aceptarlo como propio
infingió la herida que con calma
al vacío se lo llevaba todo.

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