martes, 17 de enero de 2012

Imposibles

Miró una vez más por encima de su hombro para asegurarse de que nadie la seguía. El mismo bar, la misma mesa. Cómo era posible que siguieran intactos? El hecho de que se sintiera fuertemente vinculada con aquellos lugares no implicaba que se vieran afectados por su terrible destino. Se sentó y pidió un café. Necesitaba algo fuerte para aclarar sus pensamientos. Estaba sola en su cabeza, allí nadie podría tocarla, corromperla. 
Observó la marca de labial rojo en el borde de la taza y se preguntó por qué tardaba tanto. Cruzó las piernas en un ridículo intento de parecer normal, casual; pero la verdad era que no encajaba con nada de lo que estaba a su alrededor. Su reloj marcaba las siete en punto, llevaba diez minutos tarde. Siempre se preguntó por que razón evitaba elegir horarios exactos, como decir en punto o y media. A ella le gustaban los números redondos y sospechaba que él lo hacía para molestarla. 
Pasaron otros cinco minutos y por primera vez cruzó por su mente la posibilidad de que no se presentara. Era una locura, jamás la había plantado, pero jamás había llegado ni un minuto tarde. Decidió que esperaría un poco más para ir a buscarlo. Seguramente eran sólo ideas que se le ocurrían a raíz de su naturaleza paranoica. De todos modos que le importaba a ella si algo le pasaba? En el instante en que estaba por declararse demente por seguir hablando sola, él cruzó la puerta con la despreocupación que lo caracterizaba. Cómo podía estar tan tranquilo?

Notaba la tensión en la chica que lo había esperado puntualmente por al menos quince minutos. Podía percibirla en la forma que sostenía la taza, con dedos nerviosos pero firmes. Buscó su mirada, ella lo fulminó en un abrir y cerrar de ojos. No pudo evitar sonreír. Le encantaba verla furiosa, probar sus límites. Era muy consciente de lo que le ocurría cada vez que posaba esos ojos color miel en los suyos. Pero no podía admitirlo y ella no debía saberlo. Estaba allí por otros motivos, que deberían haber sido sus únicos motivos. Sin decir una palabra se acercó a la mesa y tomó asiento aún con la sonrisa en el rostro. La ira en su mirada lo hacía aún mejor. 

Ella simplemente esperaba a que se desvaneciera esa estúpida mueca. No le parecía apropiado. Y lo que contribuía a su exasperación era el hecho de haberse sentido preocupada por el paradero de ese detestable ser humano. Pero ambos perseguían el mismo objetivo por lo que no podía darle la espalda. Después de todo lo que había ocurrido no podía darse el lujo de perder un aliado. Aunque ya no estaba segura de que lo fuera. 
Dejó de analizar un punto en la pared detrás del mostrador para volver a dirigirle la mirada. Encontró en sus ojos algo extraño, algo parecido a la determinación. No tuvo ni un segundo para pensarlo. Sus labios estaban en los suyos, el beso no la dejaba respirar y la sorpresa no le permitía reaccionar. Ni bien recordó dónde se encontraban sus manos le propinó el golpe más fuerte del que fue capaz y corrió hacia la calle. 

Aturdido y confundido la observó irse en un taxi, perderse entre el resto de los autos en el infierno que era el tráfico esa tarde. La misma calle, los mismos edificios descoloridos, el mismo sol que se ocultaba a lo lejos. Cómo era posible que siguieran intactos? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario