jueves, 23 de agosto de 2012

La quinta del sordo

Son huérfanos de la demencia
inmortalizados
en al arte pura
que solo logra la inconsciencia
Guardados bajo la llave
del doloroso olvido

El polvo se adhiere a los muros
que son lienzo
Es demasiado tarde
para que el polvo los reconozca
Esperan anónimos
Rescate

Condenados a un nombre
de prestado
que no es el de su creador primero
y ahora están colgados
gritando en silencio
la desesperación
Para quien quiera oír.

Carbónico carbón.
Sufrimiento, una lágrima
(que nadie ha visto)
sujeta en cada pincelada
se persigue el trazo hacia el punto de fuga
la perspectiva vital
El alma desvaría
en los que miran y sienten.

No importa si la maja va o no vestida
No importan los duques ni los reyes
La claridad cristalizada
en el negro mensaje
en el último deseo del padre
en lo único que queda.

El que ignora
sensibilidad alguna
pasea por las galerías.
Las horas muertas enmarcadas
los observan.

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