martes, 27 de noviembre de 2012

Atado con alambre

En mi casa
hay más baños que personas
hay mucho lugar
para estar solo

En mi casa
hay más silencio que aire
No logra ahogarlo
la televisión
en el almuerzo

Tal vez
sí en la cena
cuando el peso de la noche
es demasiado

En mi casa
el amor es la pelea
sobre lo cotidiano.
Soñar está pendiente.

En mi casa
a la luz tenue y amarilla
de una vela
danza mi desesperación

jueves, 22 de noviembre de 2012

En otro momento

Le gusta ver al vicio
consumirse entre sus dedos.
Teje y desteje
la esperanza
en un cubrecama infinito.

La mirada fija
contando los segundos.
Cada uno es
un año más.
Tarde.

Y fue tarde para siempre,
para el que esperaba
una caricia del tiempo.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Son las seis menos cuarto de la tarde, ayer soñé que me moría. Creo que fue peor que aquella noche que soñé que se terminaba el mundo, al fin y al cabo allí todos íbamos a morirnos. Por eso no importaba pero igual tenía miedo. Esta vez fue diferente, iba en un tren, puede que fuese de carga y moría de frío en un vagón. Luego descendía en algún lugar. Había mucha gente, pocas caras conocidas. Era una especie de biblioteca con café pero todo estaba muy desordenado para saberlo con exactitud. Lo único seguro era que yo estaba muerta. Y cuando me sentí cómoda volví a tomar el tren y el lugar del descenso era el mundo. Nadie podía verme y no me extrañaban. Eso era lo que dolía. Además habían publicado algunos de mis poemas en una antología. De qué me servía ahora! Igual nunca escribí para que me lo reconozcan. De todos modos me llevé un ejemplar y volví a mi vagón que era otro. Le mostré el libro a los del otro lado y no me felicitaron, concluí que carecía de sentido. Me desperté con el corazón estrujado. Y ahora escribo cosas tan vanales como que son las seis menos cuarto de la tarde y tuve una pesadilla.