martes, 19 de noviembre de 2013

Opresión

Te estoy arrastrando.
Me gustaría que pesaras
menos o flotaras sobre mí
leve y fugaz

Te estoy arrastrando.
Llevo plomo en los pies
plomo en la espalda
una bala entre los dientes

un suspiro la dispara
y me llega al corazón
que le agradece
y se acelera

Bombea
porque tiene la forma
de una granada
de mano

porque la bomba
la armaron
con los dientes
apretados. Con la boca seca.

Te estoy arrastrando.
Dejás un rastro
de polvo
de pólvora incierta

Te estoy arrastrando.
Hasta que escupa la chispa
que pueda encendernos
y volemos





en pedazos.  

jueves, 14 de noviembre de 2013

El horror de acostumbrarse

     No podía escribir, me movía con ademanes histéricos por la habitación, describía un semicírculo con el cigarrillo. Con un cigarrillo imaginario porque no fumo. Excepto pasivamente en los pasillos de la universidad. Porque todos los intelectuales deben intoxicarse un poco o al menos los que quieren parecer intelectuales. Me gusta imaginar cosas.
     Estaba en mi pequeño universo de locura intentando encontrar una hebra de sentido que me empujara a una primera frase o un primer verso (últimamente me costaba mucho la prosa). Necesitaba escribir antes que mis manías se apoderaran de mi cuerpo y me nublaran la vista. Toqué los bordes del vacío redondo de mi mente. Me desesperé. Me senté para dejar de dar vueltas frenéticas y cerré los ojos. Las manos firmes en el borde del escritorio. Respiré hondo. No pude evitar la carcajada.
      Me reía de mi misma y de lo trágica que me pongo a veces. Como si el mundo fuera a acabarse, como si todo fuera obscuro y no hubiese un instante de felicidad en el futuro. Porque realmente es muy gracioso cuando uno se pone a pensarlo. No todo es tan malo como puede parecer a los 18 años. Probablemente no voy a morir sola. Aunque las cosas sean un asco la mayoría de las veces.
     Necesitaba completo silencio y dejar de distraerme. No lograba superar los tres párrafos coherentes y empezaba a tomarlo como un fracaso personal. Bueno en realidad era eso, un fracaso personal. Irónicamente lo más mío eran mis fracasos. Tengo una asombrosa capacidad para recordar cada uno de ellos y jugar a repetirlos en mi cabeza una y otra vez antes de dormir. También suelo pensar en los buenos momentos que se fueron y en cosas que jamás van a pasar pero me gustaría. La cuota diaria de masoquismo y auto compasión viene en las últimas horas de consciencia antes de poder abandonarse al sueño que es el único espacio de absoluta libertad. En realidad lo sería si supiéramos que estamos soñando puesto que mientras nos mantenemos en la inconsciencia nos rigen las reglas del imaginario. Pero si nos damos cuenta que es todo un inexplicable juego psicológico ya no tendría sentido. Comenzaríamos a manipularlo y como todo buen ser humano acabaríamos por convertirlo en negocio y paulatinamente en perjudicial,  tóxico. A veces es mejor que las cosas se queden como están.

     De lo único que estaba totalmente segura era que quería escribir y no podía jactarme de tener demasiadas certezas. Escribo porque le tengo miedo a la muerte y sé que así viviría para siempre. Escribo porque la verdad es que no sé por qué escribo y la ignorancia es absoluta felicidad. Escribo para no hundirme y ahogarme en un océano de pensamientos inconexos. Escribo. Al fin.