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Cuando me fui de mi casa estaba por empezar el partido. Mi papá lo miraba con un poco de desesperanza porque su equipo no estaba en la mejor etapa pero aún así le gritaba al televisor, mi mamá lo veía para dormirse en el sillón y yo estaba en otra parte. Casi siempre estoy en otra parte, no es difícil viviendo en una casa en la que hay más baños que personas. Esa tarde iba al cine a ver cualquier cosa, no sé si por el hecho de que extrañaba ver películas en pantalla grande o porque necesitaba escapar del ambiente de tensión constante que se respiraba a mi alrededor.
Fatalidad. Esa era una mejor forma de describirlo. Tal vez pesimismo, siempre todo estaba mal y después esperaban que tuviera una filosofía de vida completamente diferente.
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De mi infancia recuerdo detalles irrelevantes, como que el lavaplatos que nunca usamos lo instalaron un 6 de enero y que esa noche había soñado que los reyes magos eran una familia de coyas. Tendría 6 o 7 años y todavía me hacía ilusión dejar el agua y los zapatos en el patio. El 6 de enero era también el cumpleaños de mi abuela aunque no recuerdo si en ese entonces la tenía conmigo o el lavaplatos era una excusa para olvidarse del vacío. A veces la gente tapa los vacíos con silencio, creen que por no nombrarlos desaparecen, supongo que otras veces los tapan con lavaplatos. En cualquier caso mi familia suele recurrir a la evasión total de temas dolorosos. No estoy de acuerdo porque se te acumulan todos los sentimientos en el pecho hasta ahogarte por completo. Por eso creo que en general nos perfeccionamos en el arte de ignorar: ignorar los problemas e ignorarnos entre nosotros por mucho amor que nos tengamos.
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Papá no se da cuenta que estoy en piyama. Ni siquiera que estuve en casa las últimas 4 horas. "Pensé que te habías ido". A veces ser invisible es reconfortante. A veces es verdaderamente triste. Pero tampoco disfruto demasiado de la compañía familiar, me pone incómoda. Nos acostumbramos tanto al silencio que hablar parece extremadamente ruidoso. Es hermoso estar realmente sola en casa y es muy diferente de estar sola cuando en realidad hay gente. Al menos así no me están ignorando. Igual no me duele, porque no podría soportarlo de otra manera, pero me genera una sensación muy extraña de vacío.
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