tengo esta tristeza
redonda y perfecta
que me engaña
con sus bordes suaves
a prueba de heridas visibles
tengo este anhelo de nada
de disolverme despacio
y empujarme la piel a las esquinas de un cuerpo vacío
tengo estas ganas de irme y de quedarme
porque la pena de partir
el miedo de partirme
es más grande tan grande
que no cabe en la libertad
de soltar las manos y los pies descalzos
tengo este grito en la garganta
que ilumina la escena
de una película muda
tengo versos inestables
un latido de danza
en el centro del pecho
un punto titilante y suficiente
de donde tirar hacia adelante
y construirme
una escenografía agradable
con aristas rugosas
que me abren las palmas de las manos
aunque a veces no alcance
y me ruede una esfera de dolor inconsciente
que barra todas mis habitaciones
y queden así vacías y tristes
y tan limpias que duele
mirarlas y mirarse
en un reflejo difuso
y ser reluciente y estar dañada
y no volver
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