jueves, 25 de octubre de 2012

Alegría agridulce

La dulzura de la noche,
del mal trago,
de una tierra
que debía ser fría

La tela rasgada
tu susurro
Muy primero
Como todo lo demás

Un instante fue mío
y después tan ajeno.
Todavía no sabía sentir.
Porque no tenía que sentir.

No fue tu culpa,
no sabías que quemaba

Maravillas

Alicia está todo en tu cabeza!
En la tierra
los conejos blancos no son dueños del tiempo.
Las orugas no recitan,
las cartas no desfilan

En la tierra
no se usan sombreros a las cinco de la tarde,
se festejan los cumpleaños
los lirones se despiertan
las flores callan

En la tierra
las reinas no usan
los flamencos
como hábil instrumento.
Igual los juicios
tampoco son tan justos

En la tierra
no hay dibujos en los libros
más que letras
no hay gatos que sonrían.
Alicia no despiertes
aunque abras los ojos

miércoles, 24 de octubre de 2012

Nimiedades

Los minutos vacilaron un momento
un atisbo de irrelevancia
un punto en el plano

Una rama se quiebra
en la danza forzosa
de aquella tormenta
de emociones revueltas

El árbol talado
y silencioso
porque nadie lo escucha
deja de ser árbol

Reposan las sílabas
irónicas. Cambian,
transforman a su paso
la realidad traidora

de un reflejo manchado
que se atreve a mostrarte,
a existir.

martes, 23 de octubre de 2012

La pecera

Miro a la gente vivir
Desde el fondo de la pecera

Respiran
Amortiguados por el agua

Pescan ilusiones
Sobre mi cabeza

parecen distintos pero
todos somos ciegos e invisibles

Me roza un anzuelo
En el fondo.

martes, 9 de octubre de 2012

Demonios

Volvían a aparecer, porque siempre era de noche en su cabeza. Se supone que la oscuridad los fortalece verdad? Si eso era cierto entonces siempre estaba oscuro, o tal vez los suyos habían desarrollado la capacidad de acechar con la misma fuerza durante el día. Era una prisión tan negra que no podía ver sus propios pies. Esa era su propia condena. Los estaba esperando pero no podría hacerles frente y lo sabía. Los oía respirar en algún lugar a su alrededor, podían ser millones o solo dos. Tampoco podría precisar dónde se encontraba, si era un lugar abierto, tal vez un bosque, una playa, o cerrado como una pequeña habitación acolchada del subconsciente. El silencio era abrumador, sólo las respiraciones eran audibles, una multiplicación de la suya. Salir era imposible e intentar escapar completamente ridículo. Estaba en su habitación y los autos se detenían en el semáforo de la esquina. Estaba en la habitación acolchada y desconcertante. Sonaba el teléfono, atendió y mantuvo una cordial conversación con la persona al otro lado de la línea, mientras se encontraba en completo silencio expectante atenta a cualquier cambio en las serenas respiraciones casi animales. Estaba cenando con su familia. Estaba aovillada en la esquina que imaginaba la protegía. Estaba acostada. Estaba confundida, no sabía si tenía los ojos cerrados o abiertos, si estaba consciente o inconsciente. El silencio era absoluto, las respiraciones cesaron. Recostada esperando el sueño sintió la humedad de sus ojos. Tal vez era el miedo. Contó hasta tres en el rincón a ciegas. Inútil. Atacaron.