La historia se empieza a escribir en las casas.
El lápiz arrancado de las entrañas
de nuestros antepasados
con la mayor dulzura,
casi otorgado.
El papel es propio;
lienzo virgen que espera
a ser corrompido.
Escribir es corromper,
al papel y al mundo;
y se empieza en las casas,
pero las casas
también pueden ser un instante
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