Dame un segundo
para que respire
aunque el aire
me llene de angustia
y sólo exhale
mi dolor
convirtiendo el dióxido de carbono
en versos apretados.
Apretados con el puño.
Blancos los nudillos.
Hasta que el papel
sea piel
y la tinta
sea sangre.
Dame un segundo
para convertirme
en el poema.
Y si se puede también,
para que respire,
un poco.
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