lunes, 1 de noviembre de 2021

mi madre escribe a escondidas
las palabras que le muerden las pestañas
los versos que se enredan en sus muñecas
todo lo que se apila y fabrica
lo indecible

mi madre escribe a tientas
para no hablar el dolor de sus muertos
para deshacerse del miedo de una herida abierta
para no molestar

mi madre escribe 
y yo escribo porque ella escribe 
y la escribo porque no se atreve 
a decirme que no puede 
que no quiere intentar

porque fingir es demasiado
y su cuaderno guarda
lo peor
la materia oscura
suave blanda acogedora
como una manta 
de abrigo silencioso
que se pega a la piel
y asfixia los destellos

los ojos se acostumbran
a distinguir contornos vagos
el marco de una puerta
restos de comida
una silueta ajena 
imprecisa en segundo plano

avanza un poco de alquitrán
o sustancia suficientemente similar
por conductos transparentes
pero no importa porque igual no se ve
no puede percibirse
la diferencia 

entre mirarse en un espejo
mirarse la cara deformada en el dorso de una cuchara 
mirarse en otros ojos asustados
porque no ven nada
porque no hay nada
porque nunca hubo
más que migajas
desparramadas en sutil disposición

nunca hubo nada para ver
más que esas flores de plástico
sin gracia y sin raíces
con un brillo de muerte
de colores estridentes 

nunca hubo nada 
que quisiera ser visto
o tuviera la voluntad de ocultarse