lunes, 22 de diciembre de 2014

Unborn

 Después de haber llegado a densidades de población alarmantes en un planeta al que ya no le quedaba metro cuadrado sin habitar y ya ni siquiera alcanzaban las guerras ni las armas biológicas para diezmar una población, los recursos no eran suficientes, los gobernantes de todos los países se vieron obligados a reunirse. Finalmente acordaron en poner en marcha un estricto control de natalidad. Sólo podría concebirse un hijo por familia. Pero a largo plazo la situación no mejoraba, entonces debieron tomarse medidas más dramáticas. La raza humana debía extinguirse. Aunque sonara a un extrañísimo plan el suicidio de la especie parecía lo más razonable. Nadie estuvo jamás al tanto de la información clasificada acerca de las verdaderas razones por las cuales semejante decisión había sido tomada pero todos los ciudadanos del mundo debieron acatarla, puesto que quien no lo hiciera sería violentamente forzado. Así comenzaron planes de esterilización en todos los hospitales, sanatorios y dispensarios. Allí les tomaban las huellas digitales y registraban el procedimiento en una base de datos que serviría para comparar con el posterior censo durante el cual nadie podría salir de su domicilio. Las embarazadas eran obligadas a abortar y si ya estaba demasiado avanzado, el feto era removido por un simple procedimiento quirúrgico en el que aprovechaban para estirilizar a la mujer en cuestión. Pero siempre es difícil controlar todas las situaciones, basta con prohibir algo para que lo deseen con más fuerzas. Cuando una mujer se ausentaba del trabajo mucho tiempo era denunciada por sus compañeros. El número de desaparecidas crecía cada vez más y se sospechaba que estaban siendo torturadas en alguna parte. No exisitía piedad ni compasión. 

  No entendía cómo podían haberle lavado el cerebro tan rápido a tantas personas. Ella era muy chica cuando todo había comenzado pero siempre había estado bien informada. Su madre estaba desaparecida, es decir, muerta, pero sabía que se había encargado de que ella pasara por los procedimientos pertinentes y por lo tanto se suponía que estaba fuera de peligro. Había vivido un tiempo con la familia de su padre pero enseguida se independizó y volvió a la casa en la que había crecido. Llevaba la vida más normal que podía, pero ese día había salido a hacer una compra clandestina. Una vez conseguido el producto emprendió el regreso. Lo llevaba oculto bajo el abrigo, después de lo que le había costado conseguirlo lo último que necesitaba era que se lo quitaran y la detuvieran. Apuró el paso mirando sobre su hombro cada tanto aunque no lo suficiente como para levantar sospechas. Sólo podía escuchar el sonido de su respiración y de sus zapatos contra la vereda. Ya había oscurecido y la temperatura había disminuído significativamente. Nadie la miraba cuando abrió la puerta de su casa y se desplomó en el sillón aliviada. Sacó la cajita del bolsillo, le temblaban las manos pero necesitaba saber si su vida iba a cambiar drásticamente o si podría irse a la cama tranquila de que sólo había sido un susto. Ya no quería demorarlo más. Se metió en el baño, sacó la varilllita de plástico de la caja y siguió las instrucciones que estaban escritas al costado de la misma. Esperó. Cuando hubo pasado el tiempo estipulado le latía el corazón que parecía que iba a salírsele. No podía mirar, no quería. Pero era una estupidez, realmente no era posible, lo único que iba a pasar era la confirmación de que todo eso había sido producto de su paranoia y que en realidad estaba bien, igual que siempre. No sabía en qué momento había cerrado los ojos pero cuando los abrió tuvo que taparse la boca para ahogar un grito. Pudo ver nítidamente un signo "+" color rosa. Estaba embarazada y la iban a matar. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

El ancla

Quiero ser 
una isla quiero 
que me envuelva
un campo
de fuerzas invencibles

Quiero que el agua
me rodee
me llegue
hasta el cuello
sin ahogarme

Quiero jugar
al ahorcado
con sogas invisibles
y nudos
marineros

Quiero navegar
en la inconsciencia
quiero naufragar
en los ojos 
cerrados

Quiero flotar
y dejar
de ser 
un ancla 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Distópico

dejame
dinamitarte un poco
erosionarte
lentamente
un costado

si igual
no creemos
poder tener
poder

sólo sabemos
que nuestras cenizas
nos alcanzan

quiero un poco
de aguarrás
para disolver esta
ambigüedad

sábado, 22 de noviembre de 2014

Explicaciones

Hay cosas sagradas
que tienen un dios adentro 
diferente al dios
omnipotente 
omnipresente

narrador omnisciente
de las respuestas
que tanto 
nos torturan 

No puedo creerle
de brazos cruzados
frente a un mundo
tan cruel 

No pudo 
habernos hecho
para sufrir 
por un paraíso incierto

Motor inmóvil 
que todo lo mueve 
al compás 
de las esferas 

o panteón 
de seres hechos
a nuestra imagen 
y semejanza

No puedo creerle 
al hombre 
sus mentiras 
que tanto le satisfacen

Prefiero vivir 
en la incómoda 
incertidumbre 
Desesperada 

A veces basta 
con saber que
hay cosas sagradas 
que no tienen ninguna 
explicación. 

viernes, 21 de noviembre de 2014

El arte de ignorar

*
Cuando me fui de mi casa estaba por empezar el partido. Mi papá lo miraba con un poco de desesperanza porque su equipo no estaba en la mejor etapa pero aún así le gritaba al televisor, mi mamá lo veía para dormirse en el sillón y yo estaba en otra parte. Casi siempre estoy en otra parte, no es difícil viviendo en una casa en la que hay más baños que personas. Esa tarde iba al cine a ver cualquier cosa, no sé si por el hecho de que extrañaba ver películas en pantalla grande o porque necesitaba escapar del ambiente de tensión constante que se respiraba a mi alrededor. 
Fatalidad. Esa era una mejor forma de describirlo. Tal vez pesimismo, siempre todo estaba mal y después esperaban que tuviera una filosofía de vida completamente diferente. 


*
De mi infancia recuerdo detalles irrelevantes, como que el lavaplatos que nunca usamos lo instalaron un 6 de enero y que esa noche había soñado que los reyes magos eran una familia de coyas. Tendría 6 o 7 años y todavía me hacía ilusión dejar el agua y los zapatos en el patio. El 6 de enero era también el cumpleaños de mi abuela aunque no recuerdo si en ese entonces la tenía conmigo o el lavaplatos era una excusa para olvidarse del vacío. A veces la gente tapa los vacíos con silencio, creen que por no nombrarlos desaparecen, supongo que otras veces los tapan con lavaplatos. En cualquier caso mi familia suele recurrir a la evasión total de temas dolorosos. No estoy de acuerdo porque se te acumulan todos los sentimientos en el pecho hasta ahogarte por completo. Por eso creo que en general nos perfeccionamos en el arte de ignorar: ignorar los problemas e ignorarnos entre nosotros por mucho amor que nos tengamos. 


Papá no se da cuenta que estoy en piyama. Ni siquiera que estuve en casa las últimas 4 horas. "Pensé que te habías ido". A veces ser invisible es reconfortante. A veces es verdaderamente triste. Pero tampoco disfruto demasiado de la compañía familiar, me pone incómoda. Nos acostumbramos tanto al silencio que hablar parece extremadamente ruidoso. Es hermoso estar realmente sola en casa y es muy diferente de estar sola cuando en realidad hay gente. Al menos así no me están ignorando. Igual no me duele, porque no podría soportarlo de otra manera, pero me genera una sensación muy extraña de vacío. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Incomunicación

 Todo comenzó cuando trajeron a casa el vidrio espejado. Al principio me pareció una idea estúpida. Otra de las muchas excentricidades de mi padre y del arquitecto frustrado que llevaba en su interior. Me habían dicho que era más seguro si no podían vernos desde afuera. Yo no entendía por qué no podíamos simplemente instalar una persiana o unas cortinas de color bonito. 
  Lo injusto era que ese era mi espacio. Nadie lo había querido porque la ventana daba a la calle. A todos les molestaban los ruidos, menos a mí. Me tranquilizaba el rugido de los motores, los murmullos de conversaciones fragmentadas apenas comprensibles. Estaba demasiado acostumbrada a los sonidos de la ciudad. Por eso allí había instalado mi escritorio. Tres de las cuatro paredes eran biblioteca y aún así había libros amontonados en pilas en el suelo. Cuadernos con anotaciones desprolijos llenaban los cajones y había papeles esparcidos por todas partes. Podía pasarme horas en ese lugar escribiendo, leyendo o simplemente pensando. La ventana que daba al exterior permanecía cerrada con una improvisada cortina que consistía en una sábana vieja sujeta por las esquinas al marco superior. Eso hasta el día en que trajeron el dichoso vidrio. 
 Yo había salido unas horas y al regresar me encontré con todo perfectamente ordenado. Todos los libros en sus estantes, las montañas de hojas habían sido reemplazadas por organizadas pilas prolijamente alineadas y lo más extraño de todo: en lugar de mi cortina había un vidrio reluciente, inmaculado que me permitía observar a los distraídos transeúntes que pasaban por mi vereda. Estaba en shock, no podía creer que se hubieran tomado semejante atrevimiento sin consultarme. Primero de mover mis cosas y segundo de instalarme de prepo ese rectángulo que me recordaba demasiado a un acuario. Ahora sabía lo que sentían los pobres peces, atrapados tras esa condenada muralla transparente. Giré hacia la puerta para encontrar a mi padre apoyado en el marco muy sonriente "no te encanta?" me dijo. Lo odiaba. Detestaba esa violación descarada a mi privacidad pero él estaba tan contento y orgulloso que no quería ofenderlo. "muy lindo" fue todo lo que pude articular conteniendo la ira y pensando que más le valía no haberme tirado nada de lo que estaba sobre el mueble. "tenés que venir a verlo desde afuera!" salí de la habitación y de la casa sólo para complacerlo y allí estaba, como un enorme espejo el vidrio me devolvía mi reflejo a través de las rejas, que habíamos tenido que colocar por seguridad el verano anterior, sin permitirme ver nada de lo que adentro se encontrara. Se veía muy extraño, al fin y al cabo terminaría por acostumbrarme. Mientras tanto, cuando pude volver a estar sola colgué la sábana exactamente donde estaba antes de que la arrancaran sin piedad y cubrí la prueba del delito. La prueba de que todavía vivía con mis padres y no podía hacer lo que se me diera la gana y de que en cualquier momento mi libertad de expresión podía ser guillotinada por un maldito vidrio espejado del infierno. 
 No era que detestara el vidrio en sí, sino el símbolo, lo que éste representaba para mí. Es más, como yo misma había predicho, acabé por acostumbrarme y un día descolgué la sábana, y otro día me descubrí mirando por la ventana perdida en los autos y la gente que pasaba. Y pensé que tal vez no era tan malo, que podía vivir con eso. Más tarde comencé a divertirme con los que paraban a mirarse en mi ventana, a veces me olvidaba que del otro lado era un espejo. Los veía peinarse, una vez incluso una señora paró a retocarse el maquillaje. Todas esas personas fueron catalizadores de historias y llegué a agradecerle a mi padre por haber colocado el vidrio que finalmente había sido una gran fuente de inspiración. 
 Una de las tantas veces que me encontraba haciendo mi trabajo de observación paró a mirarse un muchacho. Pero lo que lo hacía diferente al resto de las personas que buscaban su reflejo es que parecía que en realidad no se estaba mirando a sí mismo, me estaba mirando a mí. Fijamente. Era imposible, yo misma había comprobado que no podía divisarse el interior del cuarto desde afuera pero sus ojos estaban fijos en los míos de forma muy convincente. Me sostuvo la mirada por un minuto eterno y siguió su camino. Traté de convencerme de que había sido todo idea mía, que seguro era una casualidad o una ilusión óptica, pero no podía evitar considerar la diminuta posibilidad de que mi cerebro no me estuviera engañando. A la semana siguiente ya había olvidado el episodio, había estado muy ocupada en otros asuntos, pero el mismo día a la misma hora volvió a detenerse frente a mi casa. Volvió a mirarme desafiando las leyes de la física, la biología y vaya uno a saber cuántas ciencias más. 
 Pasaron las semanas y el patrón se repetía una y otra vez. Mismo día, misma hora. Comencé a obsesionarme. Me sorprendí cancelando planes para estar en casa en el momento justo, hasta llegué a soñar con él. Esperaba que algún día me tocara timbre o hiciese algo diferente, una seña que indicara que efectivamente me veía y que sabía que yo sabía que me veía. Pero no, nada. A los tres meses decidí que no podía seguir así, que debía juntar fuerzas y enfrentarlo de una vez; preguntarle por qué me miraba o si realmente me miraba. Esperé a que se hiciera la hora en que se detenía frente a mi ventana. Pasaron diez minutos. Rarísimo, siempre había sido escalofriantemente puntual. Quince. Media hora. Una hora y nunca apareció. A la semana siguiente tampoco, a la siguiente tampoco. El vidrio comenzó a molestarme de nuevo, como la primera vez que lo habían colocado. No tardé demasiado en volver a colgar la sábana vieja en las esquinas superiores del marco y eventualmente me olvidé del tema. A veces puedo superar las cosas con la misma velocidad con la que me obsesiono con ellas. En verdad casi nunca, pero afortunadamente éste fue el caso.

lunes, 20 de octubre de 2014

Olvidable

Es mucho más 
grande este dolor
Soy mucho más 
invisible
que ayer

El problema es
que mis problemas no son
suficiente 

no basta 
con sentirse
vacío 

Bienvenidos 
al segundo plano
a la otra opción 

Soy la extraña 
que aparece
en el fondo 
de tus fotos

lunes, 6 de octubre de 2014

Fuego

No sabía por qué había encendido el fósforo o por qué no lo había encendido antes. Se sentó en la cama y lo observó consumirse. Algo en la llama lo tranquilizaba. Lo apagó cuando estaba a punto de quemarlo y raspó el segundo contra la superficie lateral de la cajita. Ya había oscurecido aunque probablemente fueran las siete de la tarde. No podía estar seguro ya que nunca llevaba reloj. El celular se encontraba demasiado lejos. El paso del tiempo le obsesionaba casi tanto como el fuego. Odiaba los cumpleaños, eran un recordatorio de su inevitable envejecimiento. Un año más cerca, un año más lejos. Le ardían las puntas de los dedos cuando manipuló el tercero. La luz de la luna apenas tenue daba un brillo a la escena. Se imaginó mirándose desde afuera, sentado en su habitación igual, inmóvil, aburrida como todas las cosas en su vida. Por eso le fascinaban los incendios. Destrucción total y empezar de cero. Quería mudarse pero apenas le alcanzaba para pagar ese desagradablemente monótono departamento. Pensaba muy seguido en viajar. Porque lo único que podía hacer era pensar. El cuarto le costó trabajo pero finalmente cedió iluminándole los ojos. La pared opuesta había sido pintada de un horrible amarillo pálido en algún tiempo remoto. Le recordaba a la sala de espera del analista y eso lo desesperaba. Las pastillas en la mesa de luz le ofrecían unas horas de sueño pero no quería tomarlas. Lo hacían sentir más estúpido, es como si ni siquiera pudiera cumplir con sus funciones básicas. Curiosamente nunca había pensado en matarse. La muerte le daba absoluto terror. Lo único que quería era dejar de sentirse vacío. Por eso seguía haciendo aparecer entre índice y pulgar sus pequeñas hogueras controladas. Para estar lleno de algo. Aunque ese algo fuese locura, delirio, deseo irracional. El décimo cayó en la alfombra.

Interior

El monstruo está vivo
y se mata
se mata y se come
a sí mismo

se mata y se come
pero no 
se suicida

El monstruo está vivo
y se come
en la cena
en el almuerzo

fagocitar, ser
fagocitado

El monstruo está vivo
y está muerto
y yo existo sólo 
en sus entrañas. 

sábado, 13 de septiembre de 2014

asomate
a mi abismo
celebremos
el ritual 
de la caída

refreguémonos 
la dicha en la cara 
como el barro
que simula

la sangre derramada 
disfrutemos 
la carroña 
de un día 
menos 

enhebremos 
en la risa 
tres besos 
un momento 

recordado 
en la memoria
de los labios 
callados 

soy lo que no quiero
decirte

porque si 
lo dijera tal vez
se vuelva
tangible
transformable 

me quedo
feliz en un instante
que parece 
imaginario

imagino 
que tu imagen 
y mi imagen 
se encuentran 

y hasta se quieren
un poco 
y se olvidan 
que ya nos olvidamos
de nosotros 

martes, 10 de junio de 2014

Invitación

Si querés podemos / ser
monosílabos y quedarnos
inconexos en silencio.
Puedo hacer
un inventario
de tus costillas
mis soledades
las respiraciones
los dedos
de las manos.

Puedo contar
el vacío
que nos hace,
las pestañas
las facetas
de la luna
tus mil caras

Pero prefiero no
poner precio a mi cabeza no
saber cuántos litros
de sangre
envenenamos para que
nadie más pueda
tomarla.

Si querés podemos / seguir
rodando, revolcándonos
seguros que tenemos
miedo y sabemos
esconderlo.

Pero prefiero
elegir con los ojos
cerrados
Mi camino
estaba detrás
de los párpados
y un beso y
que así sea.


La plegaria
a un Dios
insuficiente
Un café
Una constelación
de palabras
bastarían más
para llenar
este agujero.

Ceniza

Me gusta menos el olor
de la ceniza 
el color 
de lo acabado 
el final desintegrado
de un placer
efímero 

Si tan sólo fuera 
suficiente la rosa 
como símbolo
perenne de todo
lo que es frágil 
y hermoso 
suave destrucción 

rodeada de espinas
me meto en mi
caparazón 
coraza resistente
al golpe certero 
de una verdad 
que desprecio 

intento volver
a una esencia 
que nunca fue
más que esperanza
ilusiones de alguien
que no quiso 
porque no podía 

nievo 
no-persona
nievo 
imposible
nievo
una fina 
gris
enferma capa 
de ceniza. 

viernes, 23 de mayo de 2014

Luvia

para atravesar
y dejar
caer un par
de gotas anónimas
que me recordaban
al sabor amargo
de mis huesos

tiritando en el centro
de la hoguera
de gente inanimada
fabricada en serie
pero no enserio

disfrazada de vergüenza
lavo mis pecados
para que queden
relucientes
hasta poder
verme reflejada

Quiero poder
mirarte a la cara
y que me golpees
con tus suaves caricias
que amenazan
con apagarme

Quiero poder
extinguirme
en eso que guardo
en un costado de mi
sombra esa parte oscura
que es lo único sensato
que me queda.

Reflejo

El viento arrastra
un hechizo 
de hojas muertas
barre el último
resabio de melancólico 
azul gastado. 

A veces estamos cerca 
de la meta lejos
del encuentro 
furtivo del deseo
de estar 
en transparencia 

Podés mirarme
a trasluz 
Tal vez se desprenda 
de mí
un espectro
de grises matices

Robaría un segundo
al signo 
que me nombra 
para dejar de ser
la mímesis 
el juego trágico
la copia imperfecta

Guardo mi pequeña
identidad 
en el fondo 
del pozo debajo 
del agua
en el sobre
que me diste. 

viernes, 25 de abril de 2014

Pasión

Fricción 
La superficie áspera enciende
El fósforo cae de la mano
Las llamas alcanzan 
Mi cuerpo 
Todas las mañanas

Me abro 
camino. Duele 
Cada segundo
Lo disfruto
Desde adentro
El fuego resurge 

Me miro 
En el espejo incandescentes
Los ojos que devuelven
El reflejo caliente 
Que derrito 
Chorrea desborda 

No quiero
Detenerlo. No 
me conformo
Con la brisa 
Que mece la pasividad
De los meses 
De los que nunca han estado 
vivos, en la antesala del infierno. 
No quiero ser 
un envase lleno 
de vacío. Me tortura
la idea de un mundo finito

Disfruto ardiendo
Cada día 
Por aquello 
Que considero  
Objetivo verosímil 
Objeto de mi locura
Justificación de mis actos 

Quiero levantar la pira
Soy la pira 
Puras partes puestas
Juntas para arder 
Para encenderse 
Tras la fricción 
De un fósforo 
En un papel
De lija. 

Soy un pequeño 
sucio pedazo 
de carbón. 
No me interesa
La presión 
Que podría convertirme en algo 
frío duro 
brillante. No me interesa 
que me envidien por mi 
supuesto valor 
en monedas

No vendo 
mis principios intrínsecos 

Heráclito decía 
Que todo cambio es 
Necesaria destrucción 
Destrózame, ven 
a revolver en mi 
basura. 

Amo pero no me gusta
La palabra amor 
Tengo una máscara de fuego
Los cabellos encendidos
Los recojo
(es de tarde). 

Me gusta pensarme
Como una paradoja 
Me cuesta dos veces
Una caricia. 
Me espanta el otro
sus palabras
su imagen 
de mi imagen 
Condiciona todo
Soy rápida 
Para las indecisiones 

Abanico las brasas 
Un respiro
Pobres de aquellos 
que nunca se incendiaron. 

martes, 18 de marzo de 2014

Confesión

Me siento
cómoda en lo breve. Me acomodo
En el silencio. 
En el centímetro cúbico que ocupo
Pequeña. Plegada. Figurita
de papel pegada
en el fondo del cuerpo 
geométrico. 

Tomo
asiento tranquila
en la primera fila enumero 
los fracasos 
antes de dormir. Pongo fin
al ritual metódico relato
esquivo 
la mirada. 

¿Cuántas? Tantas
veces. 
Un número 
infinito más grande 
inabarcable. Un barco
hundido en mi 
cintura conspirando
con la calma. En otra ocasión 
empezamos la partida
para partir y partirnos
de la risa. 

No hubo 
intentos para unir
las partes desiguales
del espejo. Me siento 
en el marco desvanecida
incómoda en el 
letargo enciclopédico
Desesperada por encontrar
el punto y con él
atravesarme
la garganta. 

jueves, 6 de marzo de 2014

Libra

Lo que no elegí
sigue pesando,
doblándome 
una esquina
para encontrar
Lo que no busqué
sigue eligiendo
por mí
que no quise cargar
la espalda de otro
ni el puñal
clavado. 

He cavado,
enterrado
Hago un corte transversal
Deposito 
una mano
en el cuello
en otra mano
en un pozo 
que escarbo 
en la carne
sin ojos
de justicia

La balanza
se inclina y 
se retuerce
me despido 
en un delirio
de morfina
tan liviano 
como mis decisiones
mutiladas
tatuadas 
al reverso de mi piel
las oigo discutir. 

Vas a asustar a los peces

Vas a asustar a los peces 
que nadan 
hacia su muerte
Nos pescaron
Nos dejaron boqueando
sobre el espigón 
porque alguien hizo silencio
para concretar
el delito.

Se suicidan las horas
de una tarde un poco ausente
Mordimos el anzuelo
con placer. 

viernes, 17 de enero de 2014

Verde

Mudamos de piel
De casa
Dejamos que nos cacen
Nos casamos
Nos cansamos
De esperar

Aprendemos
Un lenguaje
De señas para hablarnos
Sin hablar
Sin hacer ruido

Respiramos
La tarde pesada
Densa
Revuelo de colores
Plumas de aire
Insustanciales

Acunamos
Un canto aliviados
En la palma de la mano
Nos vamos
Lejos
A mojarnos los pies

En llanto histérico
Feliz
Podemos sentir
La hierba entre los dedos
Más allá crecimos
Al pie de un palo borracho

Florecimos
Embriagados del perfume
De estaciones olvidadas
Nacimos desteñidos
Nos fuimos inclinando
Despacio hacia la luz

Como una reverencia
Fotosíntesis
Respiración celular
Cuando terminemos
Volvamos a empezar
Dejemos caer las semillas
Mirémoslas brotar

Polvo

Me parece justo
no estar mirando
cuando no me miran
Me parece justo
distraerme en un movimiento
de pestañas pegadas
a la sombra
que delinea una tristeza
haciéndome invisible

invencible
en mi silencio esquizofrénico
me parece justo
aprender el nudo
del ahorcado
y elegir la palabra
más difícil
la elegía.
La elegía con cuidado.

Esperé que me besaran
las heridas de las manos
pero los únicos
labios
eran los míos
esperé

pero no llegaron
estrellas fugaces
ni otras
que duraran
para siempre
porque lo único
que vemos es el
último aliento
exhalación de luz

Así tan inconscientes
creemos en la suerte
y el destino
ni siquiera nos importa
que asistimos cada noche
al silencioso funeral
de las estrellas.